A través de los años, el arte todo fue cambiando increíblemen
te, adaptándose a las características de la época. La expresión del mismo y sus movimientos en sí fueron variando según la sociedad, dependiendo de su ingenio y gracia. Pero no todo gira alrededor de lo externo al ser humano y lo concreto, sino que lo que el artista transmite, posee una fuerte correlación con sus sentimientos y perspectiva acerca de la realidad y el origen de la misma. Victoria Ocampo es la ejemplificación de esta afirmación, ya que en todas sus obras no solo incluye una temática social, sino que también expresa sus emociones más profundas a través del género de su época, el surrealismo.
Nacida el 7 de abril de 1890 en la ciudad de Buenos Aires, desde sus comienzos, Victoria Ocampo se caracterizó por ser una mujer vivaz, desafiante y anticonformista. No solo luchó y expresó su preocupación por el bien de la sociedad, sino que también hizo hincapié en la igualdad de la mujer, lo cual le brinda cierta estima actualmente.
Fue precursora en el movimiento feminista a pesar de la negatividad de una gran parte de la sociedad machista al respecto. Nunca se rindió, llevó su disputa al extremo, yendo a la cárcel por la causa. Escribió una decena de textos, entre los cuales se encuentran testimonios, biografías, poemas y traducciones. Además, no se puede pasar por alto su rol primordial en la Revista Sur (ícono argentino literario) no sólo como principal escritora, sino que también como fundadora, invitando a participar en la misma a diferentes personalidades destacadas de nuestra cultura incluyendo a Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.
Se cree que una de sus obras más destacadas y aclamadas es un soneto inédito descubierto en el año 2008, aunque fue escrito cuando ella atravesaba su adolescencia, en el idioma francés. Es destacable no solo porque fue creado a principios del movimiento surrealista, sino también porque hace mención a Edmond Rostand (dramaturgo romántico francés) y al poeta André Breton (escritor, poeta, ensayista y teórico del surrealismo). Es por esto que puede ser considerado un híbrido, una combinación entre el legado de un movimiento antiguo y la expectativa de lo que está por venir.
En conjunto, el poema expresa que nada se iguala con el alma, que la misma es más profunda que cualquier imagen sensorial de la naturaleza . Es que el alma, es imposible de describir; el alma es surrealista. Aunque en términos de estructura, los 14 versos están presentes, la rima no, ya que la herencia es dejada atrás, abandonada. El principal quiebre de la linealidad, que ocurre cuando el sentido global desaparece y nace la perspectiva personal, ocurre al final del poema, cuando demuestra que no hay nada más significativo y real que la exposición del alma y la subjetividad pura. Como dijo Breton: “Ante todo, ¡al diablo la lógica!”
SONETO:
Me gusta, triste, soñar por la tarde, cuando tañe la hora,
Sea con el céfiro perfumado de la primavera
o de un invierno helado la brisa monótona
que de las campanas me trae un sonido claro y vibrante.
Me gusta imaginarme en una playa bretona
Con su arena de oro y el océano inmenso
Y la queja sin fin de las olas que resuena,
Esas olas de tono glauco y espaldas de espuma.
Amo esos días de verano donde el sol cálido brilla,
el pájaro vuela borracho de luz y gorjea,
las flores perfumadas lo embalsaman todo y el prado es tan verde!
Pero lo que llega más a mi alma sensitiva,
lo que la hace llorar y la cautiva
es escuchar, oh Rostand, cantar su alma en verso.
Juan Pablo Yoo y Macarena Girado.
